Alepo, Mosul, Lesbos… Siria, Irak, Grecia… Y tantos otros lugares de dolor que suenan menos al no estar en las primeras páginas y las noticias de apertura. No sé cómo contarán todo eso en el futuro los libros de historia. Pero cada vez tengo más claro que nuestros nietos se peguntarán cómo fuimos capaces de no hacer prácticamente nada. Se preguntarán no ya el porqué de que los políticos y los poderosos permitieran tales barbaridades, tales sufrimientos, tales injusticias. Se preguntarán por qué tú, yo, y la gran mayoría de cada uno de nosotros y nosotras, seguimos con nuestra vida cotidiana mientras, eso sí, decíamos «qué barbaridad» antes las imágenes de la tele que estábamos viendo mientras nos levábamos a la boca el tenedor con la ensalada o el filete.

No sé. Sé que no son (somos) pocos los que andamos haciendo lo que buenamente está en nuestra mano hacer: que si una firma, que si una manifestación, que si un correr información en las redes sociales… Y sé, gracias a Dios, que por aquí y por allá hay un puñado de hombres y mujeres dándolo todo para rescatar a alguien, para intentar mantener en pie un hospital, para forzar una resolución política… Pero me sigo preguntando qué pasa con la mayoría, con este colectivo que formamos la familia humana de este Primer y Triste Mundo. Me pregunto cómo es que, no sé, no hayamos salido a la calle por millones paralizando todo hasta que se deje de verter sangre o no se nos haya atragantado a todos esa ensalada y hayamos colapsado los servicios médicos, o hayamos mandado a la porra tanta imbecilidad de si mi partido apoya o no apoya un nuevo gobierno y les hayamos dicho a todos esos memos que se dediquen a salvar las vidas de todos los que están muriendo sin tener que morir…

No sé, me hago esa pregunta. Y no tengo respuesta.

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No hace ni una semana que la barbarie y la sinrazón terrorista golpearon nuevamente en París. Y, por otro lado, aparentemente inconexo, la eucaristía de hoy narra en la primera lectura un episodio del segundo libro de los Macabeos (2, 15-29), que, de algún modo, refleja el hecho histórico de la revuelta macabea . Y, lo siento, pero a mi hay cosas que me chirrían, y mucho.

Soy de los que piensan que la liturgia católica necesita, y necesita ya, una reforma. Una reforma que no sea un mero lavado de cara, sino que atienda a lo profundo, y que con densidad y seriedad renueve gestos, simbologías, palabras y textos. Y también, el uso que hacemos en la liturgia del Antiguo Testamento. Y de esto último tendría un día que escribir despacio. Pero hoy no puede ser, así que me limito a este caso de Matatías que proclamamos hoy en la eucaristía.

Atentados París y Macabeo MatatíasSegún el texto, cuando los funcionarios del rey invasor llegan al pueblo de Matatías para hacer que sus habitantes apostaten sacrificando al rey y comiendo carne de cerdo, Matatías se niega muy dignamente. Y, en ese momento, otro judío flaquea y se adelanta para apostatar.  Matatías «se indignó, tembló de cólera y en un arrebato de ira santa corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces mismo mató al funcionario real, que obligaba a sacrificar«. Todo ello, por supuesto, lleno de «celo por la ley«, y para mantener la alianza santa con Yahvhé, y para vivir «en derecho y en justicia«.

Cuando, en liturgia, el lector acabó la lectura, proclamó, como se hace siempre, «Palabra de Dios». Y, por lo que sabemos, los asesinos de París asesinaron al grito de «Al-lahu-àkbar», «Alá es el más grande». La diferencia es que, en el primer caso, yo he contestado «Te alabamos, Señor». Y en el caso de los atentados pensé que «vaya bestialidad».

Pues ahí es donde digo que algo chirría. Si me escandaliza que alguien mate en nombre de Alá, debería escandalizarme igual que alguien matase en nombre de Yahvhé. No comparo los dos casos, por supuesto. Uno es del siglo XXI y otro de hace más de dos mil años, uno ocurre en una Francia democrática y otro en una Judea ocupada por un extranjero dictador. Uno es un acto terrorista y otro es, aquí sí, algo muy relacionado con una guerra de religión.

Pero que no los compare no significa que no me haga pensar, y mucho, el que en la liturgia usemos con toda alegría textos y hechos del Antiguo Testamento que no deberíamos proclamar en una eucaristía memorial de quién gritó -hasta su propia sangre- que el amor es más fuerte que toda muerte, todo daño, todo dolor, y toda opresión. Y esto por mucha veneración y aprecio que queramos tener al Antiguo Testamento, y  por más que digamos lo del descubirmiento progresivo que de Dios fue haciendo Israel (que es cierto y muy importante, pero no hace que una burrada sea santificable).

Como comentaba antes, esto es sólo un caso de lo mucho que habría que reformar en nuestra forma de celebrar la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, el Señor. Pero lo dicho, que me ha chirriado, que me he intentado imaginar cóo escucharán hoy esta Palabra los cristianos que hayan celebrado la eucaristía en París. Y que el chirrido era demasiado grande. La sangre es sangre, se derrame en nombre de «mi» Dios o en nombre del Dios de «otros». Y esa sangre no la puedo admitir ni en nombre de «mi» Dios ni en el nombre de ningún Dios. Y menos puedo admitirla cuando celebro y hago memorial de toda sangre derramada en la Sangre de aquél que «me amó hasta entregarse por mí» (Gál 2,20) y por todos.

Porque toda sangre es la sangre de mi hermano, y Dios oye cómo esa sangre vertida le clama desde el suelo (ver Gén 4, 10).

@Mochilados

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Mensaje de Francisco para la celebración de la XLVIII Jornada Mundial de la Paz: 1 de enero de 2014. Fuente: web de la Santa Sede.

No esclavos. 48 Jornada Mundial de la Paz1) Al comienzo de un nuevo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos de sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a Seguir leyendo

Ocurrió el 18 de agosto de 2004, y lo contó la prensa. Primitivo y Vicente, dos personas sin hogar que compartían soportal y cartones para pasar la noche en Madrid, fueron agredidos y apuñalados por tres sujetos, uno de ellos de 17 años.  Poco después, Primitivo escribió una carta a ese menor. La carta decía (y dice, y para siempre seguirá diciendo) asÍ:

«Decía el poeta: La vida es bella, ya verás cómo a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amores, tendrás amores…

Me hubiera gustado haber escrito esto para ti. Tendrás amigos. Las personas con las que saliste aquella noche como de caza no son tus amigos ni te quieren. Encontrarás otras personas que te quieran: tus padres, a pesar de todo; yo mismo te amo. Odio las ideas que te llevaron a hacer eso, me da náuseas lo que esa noche hicisteis. Pero a ti, como persona, te amo y no dudo que con el tiempo aprenderás que sólo podemos ser felices con el respeto y el amor.

La felicidad no depende del estatus social de nuestras condiciones exteriores de vida, pero sí depende del respeto que tenemos hacia nosotros mismos y hacia los demás, del amor que tenemos hacia el otro. Aprende a amarte también a ti mismo, no te encierres en ideas de exclusión, de odio, que sólo conduce a la desolación, la destrucción y la muerte.

Carta de un Sin HogarDesarrolla tus capacidades creativas, haz cosas que te eleven, que te ablanden el corazón. No es fácil; hacen falta muchos esfuerzos, mucho trabajo y también lágrimas, pero la vida es tan bella que merece la pena. Por fin te diré que el hombre fuerte y valiente no es el que da puñetazos y apuñala; esto está al alcance de cualquier animal. Ser fuerte no es dejar que el odio entre en nuestro corazón.

Así que, a pesar de lo que pasó, te perdono y te amo. Que esto te sirva de lección para mejorarte».

Mensaje de Francisco para la celebración de la XLVII Jornada Mundial de la Paz: 1 de enero de 2014. Fuente: web de la Santa Sede.

Fraternidad. 47 Jornada Mundial de la paz1) En este mi primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, quisiera desear a todos, a las personas y a los pueblos, una vida llena de alegría y de esperanza. El corazón de todo hombre y de toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer.

De hecho, la fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. La viva conciencia de este carácter relacional nos lleva Seguir leyendo

Anteayer hubo manifestaciones en toda España, en el aniversario de la ocupación de Iraq. Hace un año, mi sobrina Julia, con 11 años, escribió esta poesía. La traducción es de su madre. La imagen es de Orlando Naranjo.

Sobrina verso paz. Orlando NaranjoEl meu pitjor malson seria que els nens no tinguesin casa;
trobar un monstre malvat a la terrassa.

El meu pitjor malson seria un corriol de sang;
d’una persona tirada al fang.

I el meu somni millor?
Un prat amb tres coloms a la meva espatlla;
i sentir de cada nen una rialla.

= = = = = = = = = =

Mi peor pesadilla seria que los niños no tuvieran casa;
encontrar un monstruo malo en la terraza.

Mi peor pesadilla seria un sendero de sangre;
de una persona tirada en el barro.

¿Y mi mejor sueño?
Un prado con tres palomas en mi hombro;
y oír de cada niño una risa.