En mi barrio no peleamos por el Trono de Hierro,
ni hay Lannister o Targaryen,
y las khaleesis son mujeres del día a día, que es mucho más. Pero…

Pero, a veces,
de los contenedores, de lo que ya no cuenta, de lo y los descartados,
salen dragones.

Texto y foto: @Mochilados

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Alepo, Mosul, Lesbos… Siria, Irak, Grecia… Y tantos otros lugares de dolor que suenan menos al no estar en las primeras páginas y las noticias de apertura. No sé cómo contarán todo eso en el futuro los libros de historia. Pero cada vez tengo más claro que nuestros nietos se peguntarán cómo fuimos capaces de no hacer prácticamente nada. Se preguntarán no ya el porqué de que los políticos y los poderosos permitieran tales barbaridades, tales sufrimientos, tales injusticias. Se preguntarán por qué tú, yo, y la gran mayoría de cada uno de nosotros y nosotras, seguimos con nuestra vida cotidiana mientras, eso sí, decíamos «qué barbaridad» antes las imágenes de la tele que estábamos viendo mientras nos levábamos a la boca el tenedor con la ensalada o el filete.

No sé. Sé que no son (somos) pocos los que andamos haciendo lo que buenamente está en nuestra mano hacer: que si una firma, que si una manifestación, que si un correr información en las redes sociales… Y sé, gracias a Dios, que por aquí y por allá hay un puñado de hombres y mujeres dándolo todo para rescatar a alguien, para intentar mantener en pie un hospital, para forzar una resolución política… Pero me sigo preguntando qué pasa con la mayoría, con este colectivo que formamos la familia humana de este Primer y Triste Mundo. Me pregunto cómo es que, no sé, no hayamos salido a la calle por millones paralizando todo hasta que se deje de verter sangre o no se nos haya atragantado a todos esa ensalada y hayamos colapsado los servicios médicos, o hayamos mandado a la porra tanta imbecilidad de si mi partido apoya o no apoya un nuevo gobierno y les hayamos dicho a todos esos memos que se dediquen a salvar las vidas de todos los que están muriendo sin tener que morir…

No sé, me hago esa pregunta. Y no tengo respuesta.

@Mochilados

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JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN
POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN
– Madrid, sábado 3 de septiembre de 2016 –

Véase abundante material escrito y gráfico de este importante evento en la entrada específica de la web de la Vicaría episcopal de Pastoral Social de Madrid (donde se integra la Comisión de Ecología Interal).

 

Viernes Santo de CrucificadosNo es fácil hablar de la muerte de Jesús, más si se es consciente de que, más que una muerte, fue una ejecución: Jesús no se murió, a Jesús le mataron.

Con todo, sigo reyendo que hay un escrito imprescindible para asomarse al abismo d  esa muerte, un escrito que centra perfectamente el, quizá olvidado por nosotros, auténtico sentido de eso que decimos de que Jesús ha «muerto y resucitado por nosotros».

Me refiero, claro, a un texto de Jon Sobrino que tiene ya muchos años, pero que sigue siendo ineludible para todo el que quiera entender qué significa afirmar la Muerte y la Vida del Señor. El artículo se titula «El Resucitado es el Crucificado», y se recogio en este blog hace ya unos años: pincha aquí para ir a él.

La esencia de la comprensión del Jueves Santo –y, en general, de toda la Buena Noticia del Reino– no está tanto en proclamar “el amor”, como en entender “qué amor” se está mostrando y se está ejerciendo en favor de tantos y en frente de tantos otros.

Como tantas veces, hay que volver a la Palabra para entender de qué estamos hablando cuando hablamos del amor en la Buena Noticia de Jesús. Y la Palabra del Jueves Santo es estremecedoramente coincidente en algo que, por la razón que sea, no pocas veces se pasa por alto.

“Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor” (1ª lectura).

“Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y…” (2ª lectura).

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre…” (evangelio).

Amor del Jueves Santo 1Fuera como fuera aquella última cena de Jesús con sus discípulos (y, dicho sea de paso, más que probablemente también con sus discípulas), lo que es seguro es que, históricamente, Jesús la plantea en una realidad de fracaso total. No es, y permítaseme cierta ironía,  una cena triunfante, donde entre canticos e inciensos, Jesús hace un bello signo al lavar los pues a los demás mientras todos entonan emocionados el Ubi Caritas. No. Aquella cena se realiza cuando, hasta donde llega la vista humana, todo ha fracasado. Jesús es consciente, con una tremenda lucidez, de que todo estaba acabado, de que su horizonte inmediato era el “ser entregado” y “pasar de este mundo al Padre”. La muerte, y muerte de cruz, no era ya sólo una posibilidad, era una realidad que aparecía inmediata y patente. Y Jesús tiene que enfrentarse no ya sólo al brutal hecho físico de la tortura y la ejecución, sino al no menos brutal hecho de la victoria (¿aparente?) del mal, del poder, del daño… Los suyos le van a traicionar y abandonar, además de que prácticamente no han entendido casi nada de lo que ha intentado vivir con ellos durante esos años de itinerancia. Los dirigentes religiosos del pueblo se han encastillado en su falsa e idolátrica religiosidad, y buscan directamente su muerte. El pueblo sigue igual de voluble, y sigue buscándole más como el que da pan o puede ser el Mesías triunfante que llega a Jerusalén que como el que está “en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27). Y, en fin, pareciera que todo su grito y su hacer de que el reinar de Dios es posible porque ese Dios se ha empeñado en nuestra historia con el amor de un Abba, de modo que los más pequeños son sentados a la cabecera de la mesa de la felicidad (ver las bienaventuranzas: Mt 5, 1-12 y Lc 6, 20-23) porque ese amor entrañable de Dios se pone de su lado y se enfrenta a los poderosos y a los ricos (ver el canto de María: Lc 1, 51-53), parece que ha caído en el vacío. No es extraño que, poco después de esta cena, Jesús grite a Dios que por qué le ha abandonado (ver Mt 27, 46).

Y en ese fracaso, en ese ver todo hundido, en ese entender que ya se acabó el itinerar y el predicar y el hacer las obras del Reino, en ese ver levantarse toda la fuerza del mal, el daño y la muerte (“esta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas”, Lc 22, 53), justo en ese momento… una Cena. Lo que llamamos la Última Cena, con la inmensa profundidad del lavatorio de los pies y el gesto y las palabras del pan partido y la copa compartida, Jesús podía haberla hecho en cualquier otro momento. Podía haberla hecho en el monte de las bienaventuranzas, o tras resucitar a Lázaro, o cuando sus discípulos volvieron de la misión, o cuando fuera. Pero no. Jesús desea ardientemente esa Cena con los suyos (ver LC 22, 15) justo ahí, justo en el fracaso, justo cuando ya no cabe decir ni hacer nada, justo cuando hasta el mismísimo Dios parece haber sido vencido por todos los antidios de este mundo (que, por ser antidios, son antihombre), justo en ese momento Jesús sienta a los suyos a una Cena.

Y no una Cena cualquiera. Una Cena Pascual. Una Cena en la que, frente a todo Faraón esclavizador (de uno mismo o de tantos y tantos prójimos), se proclama que Dios va a hacer justicia de todos los dioses de Egipto. Una Cena en la que el amor no se viste de rosa, sino del rojo de la sangre de la liberación. Una Cena en la que, mientras la más profunda oscuridad de la noche rodea al pueblo, los oprimidos y dominados por los poderes de este mundo, son liberados por pura misericordia, e invitados a ponerse en camino de prisa porque la marcha hacia la Nueva Tierra ha empezado ya.

El Jueves Santo hay que hablar del amor sólo en la medida en que enmarcamos ese amor en el mismo marco en el que lo puso Jesús: el amor de un Dios que hace frente al Faraón, a todos los faraones, a todos los que pretenden acallar que Dios es Dios siéndolo de los que no cuentan. Y que ese apostar de Abba por aquellos por los que ha descartado el mundo, no es algo que quizá tenga éxito, sino que es ya definitivo y radical, porque ese amor “a favor” de éstos y “en contra” de aquéllos se realiza precisamente cuando, aparentemente, ya no cabe esperanza, se realiza pura y simplemente porque “Yo soy el Señor” (1ª lectura).

Esa es la Cena del Jueves Santo. Y o lo entendemos y vivimos así, o convertimos el amor de Jesús en algo desvaído y desencarnado. El amor del Jueves Santo es el amor de la Cena Pascua, de la liberación de todos los Egiptos, de la puesta en marcha liberadora del pueblo esclavizado. Y eso se realiza, en Jesús, no ya matando a los primogénitos, sino entrando al misterio de la muerte en el lavar los pies y en el entregar la propia vida.

En el momento en que Jesús se quita el manto y se pone a los pies de los suyos, lo que está ocurriendo no es sólo eso que solemos decir de que si un acto de humildad, un acto de abajarse, y tal y cual (como si, en el fondo, todo fuera una escenificación más o menos moralizante). Lo dice claramente Juan: es extremar el amor, es llevar el amor a donde aparentemente ni puede llegar, es amar donde lo lógico sería escapar, renunciar, mandar todo a paseo. Cuando todo fracasa y el Sanedrín, Pilatos, y el Mundo alzan su poder mortífero, Jesús responde con la única “arma” que puede dar esperanza a los que no tienen ninguna arma: el amor extremado. Un amor extremado que no es un acomodarse y aguantar el latigazo en espera de días mejores, sino un auténtico ponerse en pie frente a todo opresor haciéndole frente con lo único que él no puede afrontar: el Dios que es “el Maestro y el Señor” (ver el evangelio) precisamente poniéndose a los pies de los últimos de forma definitiva e irrevocable. El amor fraterno, leído en la Cena de Pascua y hecho vida a los pies de los excluidos, es el amor que nada ni nadie puede vencer, el amor del que nada ni nadie –ni siquiera el fracaso total de esa noche– puede separar al ser humano que es agarrado por él (ver el himno de Rm 8, 31-38).

Si hubiera que hacer frente a los faraones de este mundo desde un amor que calmara tormentas o repartiera cinco panes entre una multitud inmensa, no habría esperanza para los que no somos capaces de eso ni nada parecido. Pero si el amor que se atreve a proclamar ante Pilatos que él es rey (ver Jn 18, 37) es un amor cuya fuerza es partirse a sí mismo para repartirse y vaciarse a sí mismo en favor de todos, entonces el triunfo de ese amor es posible, porque ningún Pilatos puede impedir eso a nadie, ni siquiera a los últimos de este mundo. El Pan y el Vino que Jesús comparte con los suyos, es, como antes, compartido en la Cena Pascual. No son un mero signo de que “hay que compartir”, “hay que darse”, “hay que…”. Son la presencia siempre viva de qué y quién es Dios, de qué y quién es el Liberador, de qué y quién es el que encabeza el Nuevo Éxodo. La propia vida, entregada, se convierte en el ángel que atraviesa la historia liberando a los marcados con esa sangre de todos los que hacen sangrar a otros. Partir para repartir y vaciarse para darse, son el signo de qué es el amor de Dios, de cómo nos ama el primero ese Dios que, desde su amor, nos invita a amarnos como él nos ama, para que ese amor proclame la victoria de la muerte del Señor hasta que él vuelva (ver la 2ª lectura).

Por eso la eucaristía es, o debería ser, subversiva. Un Jueves Santo donde el amor quede reducido a un sentimentalismo más o menos vivido, es un Jueves Santo alejado de lo que fue y, porque fue, es y seguirá siendo. El amor de la Cena Pascual es el amor que se enfrenta a todo opresor convirtiendo ese amor en pura entrega y vaciamiento, pero entrega y vaciamiento liberador, consciente, subversivo. El Jueves Santo es el día del amor, pero de un determinado amor que es, en definitiva, el amor de Dios, el amor que es Dios (ver 1ºJn 4, 8) y tal y como es Dios.

Si no celebramos así, celebramos a un ídolo, no al Dios de Jesús, no a Jesús el Señor. Y por eso, una vez más, nos agarramos a la palabra de Casaldáliga:

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

Amor del Jueves Santo 2

@Mochilados

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No hace ni una semana que la barbarie y la sinrazón terrorista golpearon nuevamente en París. Y, por otro lado, aparentemente inconexo, la eucaristía de hoy narra en la primera lectura un episodio del segundo libro de los Macabeos (2, 15-29), que, de algún modo, refleja el hecho histórico de la revuelta macabea . Y, lo siento, pero a mi hay cosas que me chirrían, y mucho.

Soy de los que piensan que la liturgia católica necesita, y necesita ya, una reforma. Una reforma que no sea un mero lavado de cara, sino que atienda a lo profundo, y que con densidad y seriedad renueve gestos, simbologías, palabras y textos. Y también, el uso que hacemos en la liturgia del Antiguo Testamento. Y de esto último tendría un día que escribir despacio. Pero hoy no puede ser, así que me limito a este caso de Matatías que proclamamos hoy en la eucaristía.

Atentados París y Macabeo MatatíasSegún el texto, cuando los funcionarios del rey invasor llegan al pueblo de Matatías para hacer que sus habitantes apostaten sacrificando al rey y comiendo carne de cerdo, Matatías se niega muy dignamente. Y, en ese momento, otro judío flaquea y se adelanta para apostatar.  Matatías «se indignó, tembló de cólera y en un arrebato de ira santa corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces mismo mató al funcionario real, que obligaba a sacrificar«. Todo ello, por supuesto, lleno de «celo por la ley«, y para mantener la alianza santa con Yahvhé, y para vivir «en derecho y en justicia«.

Cuando, en liturgia, el lector acabó la lectura, proclamó, como se hace siempre, «Palabra de Dios». Y, por lo que sabemos, los asesinos de París asesinaron al grito de «Al-lahu-àkbar», «Alá es el más grande». La diferencia es que, en el primer caso, yo he contestado «Te alabamos, Señor». Y en el caso de los atentados pensé que «vaya bestialidad».

Pues ahí es donde digo que algo chirría. Si me escandaliza que alguien mate en nombre de Alá, debería escandalizarme igual que alguien matase en nombre de Yahvhé. No comparo los dos casos, por supuesto. Uno es del siglo XXI y otro de hace más de dos mil años, uno ocurre en una Francia democrática y otro en una Judea ocupada por un extranjero dictador. Uno es un acto terrorista y otro es, aquí sí, algo muy relacionado con una guerra de religión.

Pero que no los compare no significa que no me haga pensar, y mucho, el que en la liturgia usemos con toda alegría textos y hechos del Antiguo Testamento que no deberíamos proclamar en una eucaristía memorial de quién gritó -hasta su propia sangre- que el amor es más fuerte que toda muerte, todo daño, todo dolor, y toda opresión. Y esto por mucha veneración y aprecio que queramos tener al Antiguo Testamento, y  por más que digamos lo del descubirmiento progresivo que de Dios fue haciendo Israel (que es cierto y muy importante, pero no hace que una burrada sea santificable).

Como comentaba antes, esto es sólo un caso de lo mucho que habría que reformar en nuestra forma de celebrar la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, el Señor. Pero lo dicho, que me ha chirriado, que me he intentado imaginar cóo escucharán hoy esta Palabra los cristianos que hayan celebrado la eucaristía en París. Y que el chirrido era demasiado grande. La sangre es sangre, se derrame en nombre de «mi» Dios o en nombre del Dios de «otros». Y esa sangre no la puedo admitir ni en nombre de «mi» Dios ni en el nombre de ningún Dios. Y menos puedo admitirla cuando celebro y hago memorial de toda sangre derramada en la Sangre de aquél que «me amó hasta entregarse por mí» (Gál 2,20) y por todos.

Porque toda sangre es la sangre de mi hermano, y Dios oye cómo esa sangre vertida le clama desde el suelo (ver Gén 4, 10).

@Mochilados

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Según atardece este 1 de enero de 2015,
y pasadas ya las campanadas,
las doce uvas,
el cambio de calendario,
y todo eso,
me sigo apuntando a un reloj que me diga
que el mejor tiempo es ahora, justo ahora.
Porque ahora es el tiempo de la solidaridad amasada,
de la justicia irrenunciable,
de la opción insobornable
de la misericordia entrañable.
Ahora es el tiempo de todo don.
Ahora es el tiempo de salvar.

@Mochilados

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Mensaje de Francisco para la celebración de la XLVIII Jornada Mundial de la Paz: 1 de enero de 2014. Fuente: web de la Santa Sede.

No esclavos. 48 Jornada Mundial de la Paz1) Al comienzo de un nuevo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos de sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a Seguir leyendo

Con motivo del Día Internacional de la Solidaridad Humana, que se celebra hoy, las organizaciones que integran la iniciativa «Enlázate por la Justicia» -Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES- han redactado un mensaje que será difundido en las parroquias y comunidades cristianas del país durante el cuarto domingo de Adviento.

Enlázate por la Justicia. Día Solidaridad Humana
En este tiempo litúrgico del Adviento y con motivo de la celebración, el 20 de diciembre, del Día Internacional de la Solidaridad Humana, queremos compartir con las comunidades cristianas y con toda la sociedad el deseo de “anunciar la buena noticia a los que sufren, proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, y proclamar el año de gracia del Señor” (Isaías, 61, I-2ª, 10-11).

Las organizaciones que desde 2013 sumamos nuestros esfuerzos en el marco de la iniciativa Enlázate por la Justicia (Cáritas, Confer, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES) para dar cuenta y razón de nuestra visión fraterna de la cooperación al desarrollo desde un Cristo comprometido con los pobres, y movilizar a todos en la defensa de la justicia global, los derechos humanos y la dignidad de las personas más vulnerables, dirigimos nuestra mirada sobre la escandalosa realidad de desigualdad y pobreza que sigue Seguir leyendo

Día Internacional del Migrante 2014. Rafael Amor canta No me llames extranjero, en una grabación de 1977.

No me llames extranjero porque haya nacido lejos,
o por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo.
No me llames extranjero porque fue distinto el seno
o por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos.
No me llames extranjero si en el amor de una madre
tuvimos la misma luz, en el canto y en el beso,
con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.

No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo,
mejor saber donde vamos, a dónde nos lleva el tiempo.
No me llames extranjero porque tu pan y tu fuego
calman mi hambre y frío, y me cobije tu techo,
No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo,
yu mano como la mía, tu fuego como mi fuego,
y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.

Y me llamas extranjero porque me trajo un camino,
porque nací en otro pueblo,
porque conozco otros mares, y zarpé un día de otro puerto,
si siempre quedan iguales en el adiós los pañuelos,
y las pupilas borrosas de los que dejamos lejos,
los amigos que nos nombran,
y son iguales los besos y el amor de la que sueña con el día del regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito,
el mismo cansancio viejo
que viene arrastrando el hombre desde el fondo de los tiempos,
cuando no existían fronteras,
antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños,
los que inventaron un día, esta palabra, extranjero.

No me llames extranjero, que es una palabra triste,
que es una palabra helada, huele a olvido y a destierro.
No me llames extranjero, mira tu niño y el mío
cómo corren de la mano hasta el final del sendero.
No los llames extranjeros, ellos no saben de idiomas,
de límites ni banderas: míralos, se van al cielo
por una risa paloma que los reúne en el vuelo.

No me llames extranjero, piensa en tu hermano y el mío,
el cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo.
Ellos no eran extranjeros, se conocían de siempre
por la libertad eterna e igual de libres murieron.
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo.
Y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero.

Desahucios, exclusión sanitaria, paro… A principios del siglo XX, José Mª Gabriel y Galán escribía en castúo (variedad extremeña del español) el estremecedor poema «El embargo«.


Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos,
no le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo…

Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s’ha muerto!

¡Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro…

¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro…

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s’ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una nochi muerto!

¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo!
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo…
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!…

Ocurrió el 18 de agosto de 2004, y lo contó la prensa. Primitivo y Vicente, dos personas sin hogar que compartían soportal y cartones para pasar la noche en Madrid, fueron agredidos y apuñalados por tres sujetos, uno de ellos de 17 años.  Poco después, Primitivo escribió una carta a ese menor. La carta decía (y dice, y para siempre seguirá diciendo) asÍ:

«Decía el poeta: La vida es bella, ya verás cómo a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amores, tendrás amores…

Me hubiera gustado haber escrito esto para ti. Tendrás amigos. Las personas con las que saliste aquella noche como de caza no son tus amigos ni te quieren. Encontrarás otras personas que te quieran: tus padres, a pesar de todo; yo mismo te amo. Odio las ideas que te llevaron a hacer eso, me da náuseas lo que esa noche hicisteis. Pero a ti, como persona, te amo y no dudo que con el tiempo aprenderás que sólo podemos ser felices con el respeto y el amor.

La felicidad no depende del estatus social de nuestras condiciones exteriores de vida, pero sí depende del respeto que tenemos hacia nosotros mismos y hacia los demás, del amor que tenemos hacia el otro. Aprende a amarte también a ti mismo, no te encierres en ideas de exclusión, de odio, que sólo conduce a la desolación, la destrucción y la muerte.

Carta de un Sin HogarDesarrolla tus capacidades creativas, haz cosas que te eleven, que te ablanden el corazón. No es fácil; hacen falta muchos esfuerzos, mucho trabajo y también lágrimas, pero la vida es tan bella que merece la pena. Por fin te diré que el hombre fuerte y valiente no es el que da puñetazos y apuñala; esto está al alcance de cualquier animal. Ser fuerte no es dejar que el odio entre en nuestro corazón.

Así que, a pesar de lo que pasó, te perdono y te amo. Que esto te sirva de lección para mejorarte».

Hay esperanzas muertas, inanes, pasivas… Que se limitan al ojalá.

Y hay una esperanza fuerte,
una esperenza alimentada con mimo en el día a día,
insobornable frente a todo canto de sirenas que aconseje no soñar,
segura de que tiene (Sabina dixit) los pies en el suelo y el grito en el cielo.

Una esperanza que moviliza cada mañana
frente a la increible inercia de la realidad,
y en la noche vuelve a la cama desnuda y con las manos vacias,
pero con el corazón lleno de nombres (Casaldáliga).

Una esperanza cuya piedra angular no es ser mi esperanza,
sino nuestra esperanza
y esperanza para ellos,
para los que son robados de su esperenza
mientras Momo, subversivamente, cuenta sus cuentos frente a todo Hombre Gris.

Esperar seguro de la fe en esperanza.
Esperar haciendo el amor entre sudor y carne con carne.
Esperar contra toda esperanza.

@Mochilados

Esperar contra toda esperanza

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En este Día Internacional de los Derechos Humanos 2014, no me parece malo recordar algo que puede parecer anecdótico… pero no lo es.

Tanto la Asamblea Nacional Francesa elaborando la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, como la ONU cuando empezó a trabajar en una futura Declaración de los Derechos Humanos, se plantearon si, a la vez, no habría que elaborar una Carta de Deberes.

Ambas concluyeron que no, que era innecesario. Pues tuvieron muy claro que si se halaba de derechos se estaba hablando también y a la vez de deberes. Y es que, como dice con humor José A. Marina,  en una escalera no puede separarse la de bajada y la de subida[1].


[1] He tomado los datos de esta entrada de Luis GONZÁLEZ-CARVAJAL SANTABÁRBARA, En defensa de los humillados y ofendidos (Santander, 2005), pág. 46. La imagen de la escalera es de José Antonio MARINA, Ética para náufragos (Barcelona, 19953), pág. 237. Puede verse una buena síntesis de este tema en Adela CORTINA, “La ética de una sociedad civil, de los derechos a los deberes”: Sal Terrae 81 (1993) 423-535.

  • Con motivo del Día de las Personas Sin Hogar 2014 en varias ciudades se celebraron actos publicos.
  • Aquí va un pequeño álbum fotográfico del acto de Madrid, del 27 de noviembre, entre Callao y Sol: http://goo.gl/Y5N574
  • Puede usarse con la licencia Creative Commons habitual de este blog.
  • Puedes obtener materiales de la campaña en este enlace (al menos mientras dure, claro).

MANIFIESTO

(realizado porpersonas sin hogar)

Yo tenía una casa… Y fui feliz mientras viví en ella.

Mi casa fue siempre mi lugar de referencia, donde encontraba seguridad, compañía y podía ser YO. Allí me sentía persona y formaba parte de la sociedad.

En un momento determinado mi vida cambió, se complicó, empezaron los problemas, todos encadenados.

La pérdida de trabajo fue el primero de ellos; después, la pérdida del hogar y de la familia; llegaron los problemas de salud y, por último, la calle y, con ella, la soledad, la angustiosa soledad. Todo mi mundo se vino abajo y tomé conciencia de lo enorme de mi pérdida. Había perdido mi HOGAR y, con él, Seguir leyendo

Parece mentira que este profundísimo manifiesto de Thiago de Mello[1] sea de 1964. Pero está claro que la verdad y la belleza rompen el tiempo y el espacio.

Artículo I
Queda decretadoEstatutos del Hombre. Thiago de Mello
que ahora vale la verdad,que ahora vale la verdad,
ahora vale la vida,
y dándonos las manos,
marcharemos todos
por la vida verdadera.

Artículo II
Queda decretado
que todos los días de la semana,
inclusive los martes
más grises,
tienen derecho a convertirse
en mañanas de domingo.

Artículo III
Queda decretado que,
a partir de este instante,
habrá girasoles
en todas las ventanas,
que los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
y que las ventanas
Seguir leyendo